El Profesor Reflexivo y Crítico

14 10 2009

Por Edgar Paredes Basilio.

Profesor Reflexivo y Crítico

Profesor Reflexivo y Crítico

Como señala F. Imbernón en La Formación y el Desarrollo del Profesorado (1994), no se debe separar el componente reflexivo del crítico, ya que existe el peligro de realizar únicamente una reflexión técnica y practica descontextualizada, sin connotaciones éticas ni ideológicas.

Acción y reflexión tienen un carácter de crítica y autocrítica, con un claro compromiso social. Esta perspectiva del profesorado reflexivo-crítico representa un nuevo marco conceptual sobre cómo entender el desarrollo profesional y, por tanto, una manera distinta de relacionar teoría y práctica.

El profesorado debe participar activamente en la creación del conocimiento pedagógico, en la política curricular y en la toma de decisiones respecto a los procesos formativos y educativos que le incumben.

La reflexión crítica no se refiere sólo a la meditación de los docentes sobre su práctica, sino que supone además una forma de crítica que les permitiría analizar y cuestionar la estructura educativa institucional.

La reflexión crítica se entiende como el propósito de definirse ante los problemas y actuar consecuentemente.

Para S. Kemmis, reflexionar críticamente significa colocarse en el contexto de una acción siguiendo la historia de la situación, participando en una actividad social y adoptando una postura ante los problemas.

Como apunta L. Smyth en su obra Learning about Teaching through Clinical Supervision (1986), es necesario trabajar críticamente con los docentes de acuerdo con el siguiente proceso:

  • Capacitar a los enseñantes para comprender la naturaleza de la dominación ideológica.
  • Describir las interpretaciones de los enseñantes acerca de su mundo.
  • Investigar las condiciones históricas que restringen y modelan las concepciones de los enseñantes.
  • Conectar las condiciones históricas con las contemporáneas.
  • Usar formas educativas y capacitadoras de acción.

Las siguientes cuestiones sintetizan este enfoque en un ciclo de cuatro fases:

  • Describir: ¿Qué es lo que hago?
  • Informar: ¿Qué significado tiene lo que hago?
  • Confrontar: ¿Cómo he llegado a ser de esta manera?
  • Reconstruir: ¿Cómo podría hacer las cosas de forma diferente?

Para terminar, hay que tener en cuenta que, desde la perspectiva mostrada el desarrollo del profesorado no se apoya tanto en la adquisición de conocimientos teóricos de las disciplinas académicas y de competencias y de rutinas didácticas, como en el desarrollo de capacidades de análisis, indagación, reflexión crítica y detenida y procesamiento de la información para el diseño de proyectos, superando el carácter individualista para compartir la reflexión con los compañeros.

Esto conduce a la formación y al desarrollo de un pensamiento práctico y crítico, que se desarrolla en la reflexión sobre la comunidad educativa y que se legitima en la puesta en escena de una praxis contextualizada.

Aunque no están aún claros los limites o la definición de la profesión docente, se vislumbra un nuevo papel del profesional de la educación.

El docente será orientador, mediador, estimulador y motivador del desarrollo personal y social de su alumnado, al tiempo que diagnosticador de situaciones y especialista en recursos y medios.

Pero, por encima de todo, debe ser aquel amigo experto y confidente, crítico, que ayuda al alumnado a clarificar su futuro, a desarrollar sus valores y a promover sus relaciones sociales.

En la formación de los nuevos docentes debe incluirse el conocimiento de las teorías existentes sobre el aprendizaje, y, al mismo tiempo, se les tiene que preparar para estar abiertos al dialogo y al contraste de ideas para la reflexión sobre la acción.

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